Aumento del turismo y la población elevan el consumo eléctrico en Baleares, en contraste con la tendencia nacional, revela un informe.
La transición energética se presenta como un tema crucial en la actualidad, especialmente si se busca equilibrar el crecimiento económico con la protección del medio ambiente. Recientemente, en Palma, se ha conocido que el consumo eléctrico en las Islas Baleares ha experimentado un notable incremento del 1,9% en los últimos cinco años, un fenómeno ligado al auge del turismo internacional y al aumento poblacional. Esta tendencia contrasta notablemente con el descenso promedio del 5,9% que se ha observado a nivel nacional en el mismo periodo.
Estos datos provienen de un estudio de la empresa Papernest, que se basa en información proporcionada por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). El informe no solo examina el consumo eléctrico, sino también el número de puntos de suministro en el archipiélago, revelando una realidad diferente a la de muchas otras comunidades autónomas en España.
A diferencia de la mayoría de las regiones, que han visto una caída en su consumo eléctrico desde 2019, Baleares ha no solo recuperado los niveles perdidos durante la pandemia, sino que ha superado las estadísticas previas a esta crisis sanitaria. Este crecimiento, aunque positivo, plantea una serie de interrogantes en relación a la sostenibilidad del modelo energético de las Islas, que se caracteriza por su alta dependencia de la generación externa y una capacidad limitada para interconectarse con otras redes eléctricas.
Los expertos de Papernest han señalado que, si bien la recuperación económica y turística puede ser vista como un signo de dinamismo, es fundamental que la transición energética actúe como el motor que dirija ese crecimiento. Sin un rumbo adecuado, el avance económico podría representar una amenaza para el medio ambiente.
El análisis del comportamiento del consumo eléctrico en Baleares desde 2019 hasta 2024 revela un patrón de cambio que incluye dos etapas: un considerable descenso en 2020 y una posterior recuperación sostenida que no solo compensó la caída, sino que llevó los niveles de consumo por encima de los índice anteriores a la pandemia.
En 2019, el consumo se ubicó en unos 5,6 megavatios hora (MWh), enfrentándose a un desplome del 18,7% en 2020 debido a las restricciones de movilidad y el parón del turismo. Sin embargo, entre 2021 y 2022, se registró un aumento del 18,6% en el consumo, gracias a la reactivación del sector turístico y económico, manteniendo una tendencia ascendente en los años posteriores.
Adicionalmente, la red eléctrica en Baleares ha crecido de manera “pausada pero constante” en los cinco últimos años, adaptándose adecuadamente a las demandas de la población y el aumento del parque de viviendas, que incluye tanto residencias permanentes como segundas residencias y alojamientos turísticos.
Con un promedio de 731.838 puntos de suministro eléctrico entre 2019 y 2024, Baleares supera en un 25% la media nacional de 575.841, consolidándose como una de las regiones con mayor densidad de contratos del país. En cinco años, esta cifra ascendió de 721.013 a 744.893 puntos de suministro, manteniendo una diferencia estable en comparación con el promedio nacional.
Las características de la red eléctrica balear, según el estudio, denotan tanto estabilidad como capacidad para adaptarse a la creciente demanda. Esto es especialmente importante en un mercado donde el sector servicios, incluyendo turismo, restauración y comercio, juega un rol preponderante.
Los datos revelan que, entre 2022 y 2024, el consumo eléctrico en Baleares fue mayoritariamente doméstico, con un 94,8% de los suministros destinados a hogares, y solo un 5,1% a pequeñas y medianas empresas. Este patrón señala un uso intensivo de la electricidad en los hogares, aunque sin que haya habido un gran incremento en el número de suministros.
Las pequeñas y medianas empresas también jugaron un papel importante, consumiendo 1,7 millones de MWh, equivalentes al 5% del total nacional. Su evolución es un reflejo del dinamismo empresarial y de su conexión con el turismo, posicionándose como un motor clave de la demanda eléctrica. Por otro lado, el consumo industrial, aunque menor, se ha mantenido estable durante el periodo analizado, sugiriendo una falta de cambios drásticos en este sector en la economía balear.
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