Crónica Baleares.

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Educación con sentido: cómo aprender mejor en un mundo que ya ha cambiado

Educación con sentido: cómo aprender mejor en un mundo que ya ha cambiado

Responder a la pregunta que es STEM ya no es un ejercicio académico, sino una necesidad educativa de primer orden. STEM hace referencia a Science, Technology, Engineering and Mathematics, un enfoque que integra estas disciplinas para desarrollar pensamiento crítico, resolución de problemas y comprensión del mundo real. En un contexto marcado por la inteligencia artificial, la automatización y los cambios acelerados del mercado laboral, entender y aplicar este enfoque es clave para preparar a las nuevas generaciones, pero también para revisar cómo estamos enseñando hoy.

La educación vive una tensión constante entre tradición e innovación. Por un lado, los sistemas educativos arrastran estructuras del siglo pasado; por otro, la realidad social y tecnológica avanza a una velocidad que deja obsoletos muchos métodos. Informes recientes de la OCDE y de organismos europeos coinciden en un punto: no se trata de añadir más contenidos, sino de enseñar mejor, con métodos que funcionen y que estén respaldados por datos, no por modas pedagógicas.

Aquí entra en juego la educacion basada en evidencia cientifica. Este enfoque propone algo tan sencillo —y a la vez tan revolucionario— como aplicar en el aula aquello que la investigación ha demostrado que mejora el aprendizaje. Sabemos, por ejemplo, que la repetición espaciada, la evaluación formativa o la enseñanza explícita funcionan mejor que métodos puramente intuitivos o excesivamente laxos. Sin embargo, estas prácticas siguen siendo minoritarias frente a discursos educativos atractivos pero poco contrastados.

La ciencia del aprendizaje también ha demostrado que comprender no es memorizar, pero tampoco es “descubrirlo todo solo”. El aprendizaje profundo se produce cuando hay estructura, guía y reto cognitivo. En este sentido, el enfoque STEM bien aplicado no consiste en llenar las aulas de tablets o robots, sino en plantear problemas reales, conectar conceptos y enseñar a pensar de forma rigurosa. Cuando se hace mal, es solo marketing educativo; cuando se hace bien, es una herramienta poderosa de equidad y desarrollo.

Pero la educación no puede reducirse únicamente a lo técnico. En paralelo al impulso de competencias científicas y digitales, existe una preocupación creciente por el empobrecimiento del lenguaje y de la comprensión lectora. De hecho, los últimos informes PISA han vuelto a alertar sobre la caída del nivel lector en adolescentes. Por eso, fomentar lectura no es un gesto nostálgico, sino una intervención estratégica. Leer mejora el vocabulario, la atención, la capacidad de abstracción y la empatía, habilidades transversales imprescindibles en cualquier disciplina, incluida la científica.

El reto está en cómo hacerlo. Obligar a leer sin criterio suele generar rechazo. La evidencia indica que funciona mejor ofrecer variedad, respetar intereses y crear contextos donde la lectura tenga sentido social: hablar de libros, relacionarlos con la actualidad, conectar ficción con problemas reales. En un mundo dominado por estímulos rápidos, enseñar a leer en profundidad es casi un acto contracultural, pero absolutamente necesario.

En territorios con lengua propia, este reto adquiere una dimensión adicional. Impulsar lectura en catalan no es solo una cuestión identitaria, sino también educativa. La investigación lingüística muestra que leer en la lengua de escolarización mejora la competencia global, facilita la transferencia a otras lenguas y refuerza la cohesión social. Además, disponer de referentes culturales cercanos aumenta la motivación lectora, especialmente en edades tempranas y adolescentes.

La actualidad política y social ha vuelto a poner la educación en el centro del debate público, pero a menudo desde la confrontación ideológica. Sin embargo, los datos son claros: los sistemas educativos que mejor funcionan son aquellos que combinan exigencia, apoyo, métodos eficaces y una visión a largo plazo. No hay soluciones mágicas ni atajos. La mejora educativa es acumulativa y requiere coherencia.

En definitiva, educar hoy implica tomar decisiones informadas. Integrar STEM con criterio, apostar por métodos avalados por la ciencia, fortalecer la lectura y cuidar la lengua no son caminos opuestos, sino complementarios. La pregunta ya no es qué educación queremos en abstracto, sino si estamos dispuestos a aplicar lo que sabemos que funciona. Porque en educación, como en la vida, la evidencia importa.