El Impuesto de Turismo Sostenible refuerza el modelo expansivo a pesar de su discurso ambiental
El Impuesto de Turismo Sostenible (ITS) en Baleares ha cambiado su orientación original. Mientras en sus primeros años priorizaba inversiones en áreas como vivienda social y protección ambiental, en la actualidad se centra en promover la competitividad del sector turístico mediante proyectos de digitalización y eficiencia energética. Este giro ha provocado una divergencia entre las políticas públicas y las demandas sociales.
El estudio, elaborado por investigadores de la Universitat de les Illes Balears y la Universidad de Surrey, analiza 297 proyectos financiados con casi 846 millones de euros entre 2016 y 2025. Además, compara estas iniciativas con 357 propuestas presentadas por la sociedad civil, revelando una tendencia clara hacia la promoción del crecimiento verde y la eficiencia, en detrimento de la redistribución y la protección ecológica.
Este cambio de rumbo tiene implicaciones políticas y sociales. La reducción en el peso de proyectos redistributivos, como la vivienda pública, y el énfasis en la eficiencia tecnológica, refuerzan un modelo de turismo que busca crecer sin limitar la cantidad de visitantes. La percepción de que la sostenibilidad se usa para legitimar políticas que favorecen la expansión del sector genera preocupación entre expertos y movimientos sociales.
Desde la perspectiva política, el estudio señala que la gestión del ITS requiere una revisión profunda. La propuesta es implementar una gobernanza participativa que priorice objetivos ecológicos y redistributivos claros. Solo así, el impuesto podrá cumplir su función de transformar el modelo turístico hacia uno más sostenible y justo.
El contexto político en Baleares, marcado por decisiones que favorecen la atracción de turistas y la inversión privada, puede dificultar estos cambios. La presión del sector y la necesidad de mantener el PIB turístico limitan la voluntad política de frenar el crecimiento. Sin embargo, la crisis ecológica y social obliga a repensar el rumbo a largo plazo.
De cara al futuro, la clave será equilibrar la economía y la sostenibilidad real. La adaptación del ITS a un modelo que respete los límites ecológicos y promueva la redistribución social será fundamental para afrontar los desafíos del turismo en Baleares en los próximos años.